Alejandro Cisternas
La lucha de Fernando Alonso contra Michael Schumacher no es nueva en la categoría, que desde sus inicios ha sido tierra fértil para que los pilotos se enfrenten dentro y fuera de las pistas.
ALEJANDRO CISTERNAS
Al rojo vivo está la disputa por el título de Fórmula 1 entre Fernando Alonso y Michael Schumacher. Separados por sólo dos puntos y con declaraciones cruzadas entre ambos pilotos, el interés por el desenlace es grande.
El cruce entre el español y el alemán no es algo fuera de lo común en la máxima categoría. El mismo "Schumi" protagonizó batallas memorables contra Damon Hill (1994-1995), Jacques Villeneuve (1997) y Mika Hakkinen (1998-2000) antes de enfrentarse hoy con el español.
Pero estos duelos apenas conforman el último capítulo de una larga lista de rivalidades que se han producido en las 57 temporadas de la F-1.
Algunas fueron marcadas por la gran amistad y respeto entre los contendientes, como las que tuvo Juan Manuel Fangio con Stirling Moss en la década de los '50, Jim Clark con Graham Hill en los '60 y Niki Lauda con James Hunt en los '70.
A medida que fueron creciendo los intereses comerciales en la F-1, las disputas se hicieron más encarnizadas.
Y en los últimos 25 años en algunos casos se excedieron los límites de las pistas y la contienda se libró con furia en la trastienda de cada carrera: Gilles Villeneuve vs. Didier Pironi, Nelson Piquet vs. Nigel Mansell y Alain Prost vs. Ayrton Senna fueron sus más claros ejemplos.
Un denominador común en estos últimos casos: todos fueron compañeros de equipo, algo que siempre ayuda a exacerbar los roces.
A continuación un repaso a estas históricas batallas que contribuyeron a forjar las grandes leyendas del gran circo tuerca.
GILLES VILLENEUVE - DIDIER PIRONI
Demasiado lejos
La cara larga de Gilles Villeneuve en el podio del GP de San Marino 1982 lo decía todo. El canadiense estaba furioso con su compañero de equipo, Didier Pironi, quien acababa de ganar.
El francés había llegado un año antes a Ferrari y estaba dispuesto a desafiar el estatus de número uno en Maranello que tenía el quebequés, un piloto adorado por su personalidad extrovertida y su manejo ultra veloz y temerario.
En 1982, un magro inicio de temporada tenía a Pironi con un punto y a Villeneuve sin unidades al cabo de tres fechas.
En Imola, la cuarta jornada, todo estaba dado para el 1-2 de Ferrari. El canadiense ganaba y el galo lo escoltaba. El equipo les mostró el cartel de "slow" ordenando que las posiciones se mantuvieran, pero los pilotos siguieron adelantándose mutuamente. En la última vuelta, con Villeneuve al frente, el francés hizo una arriesgada maniobra: lo pasó y ganó.
"No había órdenes de equipo", dijo Pironi. "Es un mentiroso. Desde que estoy en Ferrari que 'slow' significa que mantengamos las posiciones. Ser segundo es una cosa, pero ser segundo porque alguien te roba el triunfo es diferente", replicó el canadiense, quien prometió no volver a hablarle a su coequipo.
Nadie nunca lo sabrá, pero muchos aventuran que la rabia de Villeneuve por superar a Pironi en las clasificaciones de la siguiente carrera, en Bélgica, lo llevaron a arriesgar más de la cuenta y causó, en parte, el accidente que acabó con su vida.
La trayectoria de Pironi tampoco duraría mucho tiempo. Siete fechas después, en Alemania, un choque le causó graves lesiones en las piernas y lo forzó a abandonar la Fórmula Uno.
JUAN MANUEL FANGIO - STIRLING MOSS
El maestro frente al aspirante
El británico Stirling Moss es conocido como "el mejor piloto que nunca pudo conseguir un título de la Fórmula Uno". Y gran parte de la responsabilidad en el nacimiento de ese mote la tuvo Juan Manuel Fangio.
Con dos títulos ya en el bolsillo del argentino, la dupla se reunió en el team Mercedes-Benz en la temporada 1955. El campeón (entonces de 43 años) inició una amistad con el aspirante (25).
Ese año el argentino consiguió cómodamente su tercera corona y fue escoltado en las estadísticas por su coequipo, que consiguió la primera victoria de su carrera: justamente en el Gran Premio de su país, en una carrera en la que superó a Fangio por 0,2 segundo.
En una muestra de la amistad y el respeto que tenía el uno hacia el otro, celebraron abrazados y Moss le entregó la corona de laureles del ganador al oriundo de Balcarce.
En 1956 se mudaron a Ferrari y Maserati, respectivamente. Ahí vivieron su lucha más estrecha, con un campeonato que se definió por sólo tres puntos a favor del "Chueco".
En 1957 nuevamente Fangio fue campeón -su quinta y última corona- teniendo a Moss como su inmediato perseguidor. Ahora el argentino estaba en Maserati y el británico, en Vanwall.
Fangio corrió sólo dos fechas en 1958 y se retiró en Francia. Moss volvió a ser subcampeón y nunca pudo cumplir el sueño de emular a su maestro.
ALAIN PROST - AYRTON SENNA
En un equipo no caben dos genios
Siete títulos mundiales y 92 carreras ganadas entre ambos. Suficiente para calificar al choque entre Alain Prost y Ayrton Senna como el más grande de la historia.
Pero lo del francés y el brasileño fue mucho más que sólo lo que marcan los números. Hubo talentos, egos, personalidades, estrategias y velocidad pura en juego.
Ron Dennis los juntó para competir en la temporada 1988 en McLaren. La meta: el dominio total. Senna ganó ocho carreras y Prost, siete. Sólo fallaron en el GP de Italia. El título fue para el brasileño y a esa altura la tensión estaba planteada.
¿Qué pasó? En el GP de Portugal el paulista lidera y el galo trata de pasarlo en la recta. Agresivamente, el brasileño lo aprieta contra el muro. Ninguno suelta el acelerador y el francés pasa. Y la guerra estalla definitivamente en San Marino 1989, cuando Prost reclamó que Senna había roto un pacto de no pasarse en la primera vuelta para evitar incidentes.
"El Profesor" iba rumbo al título de esa campaña y Senna sólo podría evitarlo ganando las últimas dos fechas, Japón y Australia. El galo lideraba en Suzuka y cuando faltaban siete vueltas el paulista intentó el sobrepaso, pero el puntero se cerró y la colisión se produjo. El francés se bajó y abandonó, pero el "Rey de la Lluvia" pidió que lo empujaran, cambió la trompa de su auto y ganó.
Pero en una polémica decisión, la FIA (presidida por el francés Jean-Marie Balestre, amigo de Prost), descalificó a Senna por cortar la chicana. El europeo conseguía así su tercer título y, hastiado de su rival, anunció su partida a Ferrari en 1990.
A fines de ese año el brasileño se vengó. Ahora él tenía la ventaja en la clasificación llegando a Japón. En la primera curva chocó con Prost y aseguró su segunda corona.
En 1991 el Ferrari no era competitivo y Senna capturó su tercer título cómodamente. Prost se tomó un año sabático y volvió en el poderoso Williams a conquistar el trofeo de 1993.
Ahí anunció su retiro y su lugar fue tomado por el sudamericano. A esa altura ya no eran enemigos y se volvieron a hablar. Tras la muerte del brasileño en Imola, Prost fue uno de los que transportó el ataúd del piloto en sus funerales.
JIM CLARK - GRAHAM HILL
Tranquilos, pero distantes
Sólo la muerte de Jim Clark en 1968, en una carrera de la Fórmula 2 en Hockenheim, pudo poner fin a su rivalidad con Graham Hill.
El primero representaba el talento puro. El segundo, el esfuerzo. Ambos eran británicos (escocés e inglés, respectivamente) y de una tranquila vida familiar.
En 1962 llegaron a la última fecha del campeonato mano a mano. En el GP de Sudáfrica, Clark lideraba con más de medio minuto de ventaja hasta que una fuga de aceite en su Lotus lo hizo abandonar, dejando la victoria y el título en manos del BRM de Hill.
Clark dominó al año siguiente: seis victorias contra dos de su antagonista, con lo que se aseguró el cetro. En 1964 ambos fueron más irregulares y cedieron la corona ante John Surtees, pero la siguiente campaña vio de nuevo la fuerza de Clark en Lotus, que campeonó por segunda vez. Hill, en un auto inferior, se las arregló para ser segundo.
Lotus fichó a Hill para 1967. Y Clark miró con recelo. Consultado por la oportunidad de ser coequipos, aclaró: "Yo no soy compañero de Graham Hill. Él es mi compañero", dijo Jim, y lo justificó con cuatro victorias contra ninguna de su oponente.
La muerte de Clark le dejó en bandeja a Hill la oportunidad de lograr su segundo título. Y no la desaprovechó.
NELSON PIQUET - NIGEL MANSELL
¿Quién es el número uno?
Cuando Nelson Piquet firmó con Williams para la temporada 1986, lo hizo pensando en ser el número uno indiscutido del equipo. Pero el impetuoso Nigel Mansell tenía otra idea en su cabeza.
El auto británico era el mejor de ese año. Y los dos pilotos lo demostraron ganando nueve carreras en conjunto (cinco Mansell y cuatro Piquet). Sin embargo, la lucha fratricida fue un bumerán y dejó a los dos volantes con las manos vacías: el título fue para Alain Prost.
Ninguno quiso aflojar y la tensión entre ambos creció. El sudamericano disparó: "Yo he ganado dos títulos mundiales. Nigel, en cambio, se las arregló para perder uno".
En 1987 Mansell ganó seis carreras y Piquet sólo tres. Pero el brasileño fue más consistente y consiguió los puntos para quedarse con su tercera corona. Igual, la rabia no se le acabó.
"No vine a este equipo para competir con otro piloto. Tenía un contrato como número uno y ellos lo arruinaron todo. Es el mejor equipo en la parte técnica, pero no vine acá para aportar mi experiencia en preparar los autos para que mi compañero me haga difícil ganar carreras", afirmó antes de sellar su marcha a Lotus.
NIKI LAUDA - JAMES HUNT
Entre el fuego y la lluvia
Niki Lauda y James Hunt se conocían desde 1971, cuando ambos compartieron en la Fórmula 2, pero recién cinco años más tarde lucharon por el título de la Fórmula Uno, en uno de los cierres de temporada más memorables de la historia.
El austríaco había conseguido el título de 1975 y el inglés se presentaba como aspirante, aunque cinco victorias contra dos en las primeras fechas le daban la ventaja al vienés sobre el isleño.
Hasta que llegó el Gran Premio de Alemania, en Nürburgring. El Ferrari de Lauda se estrelló y quedó envuelto en llamas. Tras una milagrosa recuperación volvió a competir. Sólo se perdió dos carreras. Pero no era el mismo. Hunt redujo a sólo tres unidades la diferencia y todo se decidiría en la última carrera, en Japón.
Llovía. Y el austríaco sólo completó dos vueltas en Monte Fuji y abandonó la carrera. No estaba listo para arriesgar tanto. El británico fue tercero y sumó los cuatro puntos que necesitaba para ser campeón, pero tuvo la clase para no criticar.
"Niki Lauda es el hombre más valiente que he conocido en mi vida", afirmó. Sólo un año tardó su rival en disipar las dudas sobre su nivel, al quitarle el título de 1977 a Hunt.
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